El pequeño checoslovaco

Ése es tu regalo. Me giré y vi el estuche de violín encima del mueble. No puede ser, pensé. El estuche era viejo, y lo abrí con cuidado. Sí podía ser. Allí dentro había un violín, con la madera envejecida. Chema empezó a contarme su historia: que era checoslovaco, que había sobrevivido las dos grandes guerras, que había sido de un amigo, y que cuando se enteró de que lo vendía pensó en mí. O eso entendí, porque estaba tan impactada que se me difumina un poco. Como tenía una cuerda rota tuve la excusa perfecta para guardarlo y no verme en el compromiso de tocarlo allí. Me habría dado demasiada vergüenza. Miles de años sin tocar un instrumento que no entiende de términos medios: si no suena perfecto suena horrible.

Al volver de Molina e instalarme en casa se lo enseñé a mis hijos, a los que les encantó su historia, y me hicieron sacarlo, y me pasé la tarde poniéndole cuerdas, y después probándolo con September rain. Y, tras muchos años habiendo estado enfadada con el violín, enfadada en realidad conmigo por no haber sido nunca capaz del término absoluto que ese instrumento precisa, y aunque la ejecución del arreglo que se me ocurrió sobre el tema fuera muy torpe, me emocionó tocarlo. Quién sabe, después de todo, quizás podría funcionar.

Hace unos días quedamos para ver los temas del siguiente single. Y cuando me puse a escuchar las grabaciones, en Song for tomorrow volvió a mi cabeza el pequeño checoslovaco. Esta tarde he estado probando, y sí, podría funcionar. Es una amenaza.

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